El Gobierno gasta 64.000 euros en el Congreso Internacional de Tauromaquia

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El Ministerio de Cultura ha destinado 64.231 euros a la organización de la segunda edición del Congreso Internacional de Tauromaquia, que se celebró en Murcia el pasado mes de octubre. En una respuesta parlamentaria el Gobierno asegura que el departamento de José Guirao “asumió, exclusivamente, los costes derivados de la realización del congreso científico centrado en la tauromaquia como patrimonio cultural y su vertiente jurídica y los costes de dos exposiciones incluidas en el programa cultural paralelo”.

De nuevo, subvencionando maltrato animal con el dinero de todos los contribuyentes, es vergonzoso. Las subvenciones que da el Estado representan para todos los contribuyentes un desembolso de miles de millones anuales en forma de impuestos  que luego se reparten en forma de subvenciones. Los aficionados a las corridas de toros cada vez son menos, con lo cual la mayoría de plazas de este país son deficitarias y a todos se nos impone la obligación fiscal de contribuir para cubrir este déficit.

El toro es un animal herbívoro y por lo tanto pacífico. Su instinto de defensa frente a situaciones de miedo le lleva a intentar huir en lugar de atacar. Sólo a base de castigos y manipulaciones se consigue alterar su naturaleza tranquila.

En el momento de salir se le clava la “divisa” cuya verdadera finalidad es causar dolor al toro, para asustarle y para que salga de manera brusca, y muestre una apariencia fiera y alterada.

Los bóvidos tienen una resistencia extraordinaria. Este excelente atributo alarga la agonía, ya que a menudo se recurre a la puntilla, cuchillo que secciona la médula espinal. La puntilla deja al animal paralizado, pero no inconsciente, lo cual significa que una vez aplicada todavía está vivo y consiente. Con el puñal le hurgan en la nuca, intentando cortarle la médula espinal en el espacio entre las vértebras cervicales ‘atlas’ y ‘axis’. El toro queda así paralizado, sin poder realizar siquiera movimientos con los músculos respiratorios, por lo que finalmente muere asfixiado, boqueando una y otra vez intentando que el aire le penetre en los pulmones.

Como trofeos para ser entregados al torero, al toro se le cortan las orejas y, si la afición lo considera oportuno, también el rabo. El animal, que aún puede estar agonizando y plenamente consciente, puede sentir cómo le mutilan. Existen pruebas videográficas en las que se pueden ver toros pataleando mientras les cortan las orejas. Finalmente un carro tirado por dos mulas arrastrará al toro hacia el desolladero.

¿Esto es cultura? ¿Este es el bien de interés cultural? La fiesta de los toros NO es un arte.

TAUROMAQUIA ES VIOLENCIA.

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