El Gobierno mantiene la subvención al toro de lidia en los Presupuestos de 2019

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Los Presupuestos Generales de 2019 recogen también, en el capítulo del Ministerio de Cultura, la dotación del Gobierno de Pedro Sánchez a la Fundación Toro de Lidia, que se mantiene en 35.000 euros, la misma cantidad que destinó en 2017 el PP cuando gobernaba.

Se invierte ese dinero público “para la compilación del conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas que integran la Tauromaquia como patrimonio cultural y su difusión en el entorno digital”, al igual que hicieron los populares.

También refleja en las cuentas que el Gobierno mantiene el Premio Nacional de Tauromaquia, con una dotación de 30.000 euros, la misma que el año anterior, cuando se premió con este galardón al torero Juan José Padilla.

Esta es la tortura a la que son sometidos los toros y lo que nos obligan a pagar a todos los ciudadanos españoles ya que, representan para todos los contribuyentes un desembolso de miles de millones anuales en forma de impuestos y que luego se reparten en forma de subvenciones.

En el momento de salir se le clava la “divisa” cuya verdadera finalidad es causar dolor al toro, para asustarle y para que salga de manera brusca, y muestre una apariencia fiera y alterada.

El picador introduce una puya que penetra hasta 40 cm., realizando movimientos para desgarrar y horadar la carne del animal, provocándole intensas hemorragias y un dolor inmenso.

Debido a la gran pérdida de sangre, los toros padecen una sed insoportable que en ocasiones llevan a los toros a lamer su propia sangre.

El picador debe realizar un mínimo de dos puyazos por toro. Cada uno le destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversales del cuello, etc.) vasos sanguíneos y nervios.

Las banderillas son lanzas de madera de unos 70 cm. de longitud provistas con arpones de acero afilados y cortantes de unos 6 cm. Suelen estar decoradas con los colores de la bandera española o los de las comunidades autónomas.

Serán clavadas en el lomo del toro con finalidad de “humillarlo”, es decir, que agache la cabeza para que el matador pueda clavarle la espada mortal.

Según el reglamento taurino, a cada toro se le debe castigar con tres pares de banderillas.

La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, y es cuando el torero puede acercarse.

Con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa ya del peligro y se puede dar el lujo de retirarse del toro después de un pase especialmente “artístico”, echando fuera el pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público.

El estoque (espada de un metro que se usa con objetivo atravesar el corazón) penetra 45 cm.

Esto le va seccionando vasos sanguíneos vitales, produciéndole una hemorragia interna masiva que no se percibe desde el exterior, pero que supone una infernal agonía para el animal.

Con frecuencia los toreros  fallan sus estocadas y repiten una y otra vez la introducción del estoque, lo que supone la perforación de los pulmones.

Los pulmones se van encharcando y empiezan a vomitar sangre de manera pavorosa. El toro, en un intento desesperado por sobrevivir, se resiste a caer y, suele encaminarse a la puerta por la que le hicieron entrar en ese maldito lugar, llamada ‘puerta de chiqueros’. El animal busca la salida, creyendo que por ahí podrá volver al campo, huyendo así de tanto maltrato y dolor.

Los bóvidos tienen una resistencia extraordinaria. Este excelente atributo alarga la agonía, ya que a menudo se recurre a la puntilla, cuchillo que secciona la médula espinal. La puntilla deja al animal paralizado, pero no inconsciente, lo cual significa que una vez aplicada todavía está vivo y consiente. Con el puñal le hurgan en la nuca, intentando cortarle la médula espinal en el espacio entre las vértebras cervicales ‘atlas’ y ‘axis’. El toro queda así paralizado, sin poder realizar siquiera movimientos con los músculos respiratorios, por lo que finalmente muere asfixiado, boqueando una y otra vez intentando que el aire le penetre en los pulmones.

Finalmente un carro tirado por dos mulas arrastrará al toro hacia el desolladero.

¿Esto es cultura? ¿Este es el bien de interés cultural? La fiesta de los toros NO es arte. Es dolor, sufrimiento, agonía, maltrato y muerte que pagamos todos los españoles  con el dinero de nuestros impuestos. Maltrato animal legalizado.

TAUROMAQUIA ES VIOLENCIA.

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