La Fiscalía pide 38 años de cárcel para ocho miembros de una red nacional que organizaba peleas de perros en Canarias

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Otra buena noticia que celebramos.

Un total de 22 procesados se sentarán en el banquillo como presuntos autores de delitos continuados de maltrato animal y pertenencia a organización criminal.

El Ministerio Público suaviza la petición de penas de hasta 217 años de prisión que solicitan las acusaciones populares para los representantes de la banda en las islas.

La trama desarrollaba el grueso de su actividad en el archipiélago pero las supuestas actuaciones ilícitas también tenían lugar en otras cuatro comunidades autónomas y en el extranjero.

Los encartados entrenaban a los animales y les suministraban anabolizantes para luego enfrentarlos en combates que provocaban su muerte.

La Fiscalía pide un total de 38 años de cárcel para ocho personas acusadas de maltrato animal por organizar peleas de perros en Canarias. Los procesados, formaban parte de una red criminal más amplia que operaba de forma simultánea en varios puntos de la geografía nacional.

La operación policial que desarticuló la trama tuvo su actuación decisiva el 18 de febrero de 2017, cuando una intervención en una finca del municipio tinerfeño de Güímar, donde se había organizado una destacada competición de peleas de perros, marcó el inicio de un operativo que permitió rescatar en toda España a 226 animales, la mayoría en mal estado de salud, de los que 42 fallecieron. Junto a las ocho personas de la banda que operaban en Canarias, otros 14 procesados tendrán que ocupar el banquillo señalados por la Fiscalía y las dos acusaciones populares, tras las investigaciones llevadas a cabo por el Juzgado de Instrucción Número 3 de Torrejón de Ardoz, en Madrid.

En el escrito de acusación de la Fiscalía se relata que, al menos desde 2016, «ha estado operando en España y a nivel internacional un grupo organizado de personas dedicado al maltrato animal, en concreto, a organizar, promover y participar en peleas de perros con ánimo de enriquecimiento injusto». Una red que, además de en Canarias, actuaba en Madrid, Alicante, Murcia, Almería y Málaga. Los tentáculos de la trama se extendían también hacia territorio internacional, ya que hay indicios de su actividad en Francia, México, Tailandia o Emiratos Árabes.

Los acusados se dedicaban a la crianza de perros de razas consideradas potencialmente peligrosas, a los que adiestraban para ser más agresivos y aumentar su musculatura mediante sustancias «muy perjudiciales para los perros».

El Ministerio Público asevera en su escrito que la situación de «cruel maltrato» se producía desde el nacimiento de los perros, ya que desde entonces eran castigados, recibían una alimentación inadecuada y eran sometidos a duros entrenamientos físicos en los que se llevaba a los animales «hasta su extenuación». Una vez que estaban aptos para las distintas competiciones, el destino al que se veían abocados era, en el mejor de los casos, terminar gravemente heridos. Muchos morían durante las peleas o cuando ya no eran de utilidad para la trama, según las pesquisas realizadas en la instrucción de la causa judicial.

La red criminal tenía una organización establecida y una estructura jerarquizada.

Además de la privación de libertad, la Fiscalía también pide que se aplique una pena de inhabilitación especial para los encartados que les impida desarrollar profesión alguna relacionada con los animales o su tenencia durante un período de entre tres y seis años.

 Las peleas de perros son luchas entre dos (o más) perros, para el disfrute de los espectadores y con un propósito, el juego. Es un espectáculo donde los perros se muerden y desgarran literalmente la carne mientras los asistentes apuestan por alguno de los animales. Los perros acaban heridos y en ocasiones pueden llegar a perder la vida, razón por la cual las peleas de perros son ilegales en casi todos los países del mundo.   Son  ilegales en España y se contemplan como delito en el artículo 337 del Código Penal español.

Las peleas implican el sufrimiento y muerte de animales.

El maltrato de los perros utilizados en estas brutales prácticas comienza desde que son cachorros, cuando son adiestrados mediante crueles técnicas a fin de fomentar su agresividad y fortaleza física. La vida de estos animales es muy corta, pues se deshacen de los que no se consideran “aptos” y los que sí lo son, no suelen durar más de cuatro o cinco combates. Combates que son a muerte, por lo que los pobres animales, ganen o pierdan, están condenados.

Las razas que habitualmente se utilizan para estos crueles espectáculos son american staffordshire terrier, bull terrier, o pitbull entre otras, amén de otras razas o mestizos que se utilizan como sparrings y que son robados a sus dueños con este fin.

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