“Nos esforzamos por difundir nuestro respeto por los animales y la naturaleza”

Ponis de carrusel: vivir encadenado

Cada año, con el buen tiempo, llegan las fiestas a todas las localidades españolas. Tristemente, entre los feriantes que llegan con atracciones de infarto y algodón de azúcar, también llegan los carruseles de ponis.

Os animamos a que nos montéis a vuestros hijos en estos \"aparatos de tortura\" y a que escribáis a vuestros ayuntamientos si vesis que en la ferias llevan este tipo de atracción que tanto hace sufrir a los animales.

Abajo os relatamos la vida vista desde el punto de vista de uno de estos pobre condenados.

Chillonas luces intermitente de neón. Flashazos cegadores y música machacona de baile, que incluye desde los temazos de éxito de hace unos años y la canción de moda del último verano. Vueltas y vueltas, vueltas durante horas y vueltas cada día. A veces el exceso de luz hace difícil distinguir el día de la noche, aunque sin duda, las mañanas son las más tranquilas. Los descansos, metidos en un camión, viajando de forma itinerante por las ferias decadentes de los pueblos de España. Calor agobiante en Andalucía y Extremadura, humedad sofocante en Valencia y Murcia, algo más de fresquito por el Norte.
¿Y los niños? Hay de todo, como en botica. Unos acarician mis crines y abrazan con fuerza mis viejos huesos cansados. Otros patean mis costillas al grito de ¡?Arre, caballito?! Mi vida es monótona y repetitiva, y junto con mis compañeros, trabajamos sin descanso dando vueltas y más vueltas por las ferias de España por un poco de heno, sin derecho a revolución. Con los años, el estruendo intenso de la noria y del tren de la bruja me ha ido dejando sordo, y medio ciego. En el fondo pienso que, en mi mundo, tengo poco que ver. Ya simplemente espero que el círculo sin fin que es mi vida se cierre sin más dolor que el de mis patas destrozadas por el esfuerzo. Esta noche llegamos a las fiestas de Marbella. A las seis de la tarde mi amo abre el carrusel, hasta las 12 o la una, cuando los más pequeños abandonan las fiestas. Nosotros cumpliremos encadenados, como cada día, esta condena impuesta por el pecado de nacer poni.

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