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“Nos esforzamos por difundir nuestro respeto por los animales y la naturaleza”

Pimientos verdes, una alternativa para las granjas de perros en Corea del Sur

Hongseong, Corea del Sur.- En un ambiente de escasa higiene y suciedad, encerrados en jaulas, así viven varios perros de razas conocidas como beagles, setters o poodles en la granja de Lee Tae-hyun, situada en el centro de Corea del Sur desde hace más de veinte años. La raza más cotizada y por tanto, la más cara en el mercado de la carne, son los jindos. Curiosamente, el presidente del país asiático tiene dos ejemplares de estos canes como animales de compañía.

Pero el número de consumidores de este tipo de carne está descendiendo rápidamente y ya no es un negocio lucrativo. Una asociación estadounidense, la Humane Society International (HSI), ha propuesto a Lee enviar a todos los perros que posee a América a cambio de una compensación y ayuda para montar invernaderos y cultivar pimientos verdes.

En los últimos tres años, 57 perros procedentes de esta granja y cuyo destino iba a ser muy diferente, han sido transportados por voluntarios hasta San Francisco, donde serán atendidos por veterinarios y puestos en adopción. En otros países asiáticos, como Vietnam o China, la situación para los canes es aún más complicada, ya que normalmente los que acaban en las cocinas no provienen de granjas, sino que son perros callejeros.

Pero las condiciones de vida en las granjas coreanas, de las que salen anualmente unos dos millones de perros, tampoco son adecuadas, situación a la que se suma un transporte y un sacrificio crueles. Al no estar reconocidos como animales de abasto, las granjas de perros no están reguladas por la legislación. Tanto los criadores de perros como los defensores de los animales se oponen a una posible regulación, los primeros por que supondría elevar los costes, y los segundos porque implicaría reconocer una actividad que resulta deplorable.

Oficialmente, la ciudad de Seúl prohibió que se sirviera carne canina desde la celebración de los Juegos Olímpicos de 1988, pero a pesar de ello es bastante fácil encontrarla en restaurantes de la capital. Las autoridades coreanas niegan que aún se consuma este tipo de carne en el país, aunque existe una asociación de productores.

Las costumbres occidentales y el turismo han ayudado, pero sin duda la popularización de tener un perro como compañero y el enorme crecimiento de la industria de los animales de compañía suponen un impulso aún mayor. En uno de cada cinco hogares coreanos vive un  perro o un gato. También aumenta a buen ritmo la concienciación social sobre el bienestar animal, tanto en el ámbito casero como de los animales tradicionalmente llamados de granja, por lo que el Gobierno del país se ha puesto en marcha para mejorar las condiciones de vida de los animales. En el plan se incluye regular la existencia de granjas donde se crían cachorros para ser vendidos como animales de compañía, pero no se menciona el comercio de carne de perro, debido a la sensibilidad que supone este asunto para los políticos.

Lee, el granjero de nuestra historia, comenzó en el negocio de la venta de cachorros, pero como le era difícil conseguir beneficios, comenzó a venderlos como alimentos. Muchos perros que no son vendidos de jovencitos acaban en las granjas. Ahora, ha decidido ceder a sus animales a HSI y comenzar con el cultivo de pimientos verdes. Además, como parte del acuerdo con la ONG, contactará con otros granjeros para tratar de que abandonen esta controvertida industria.

La organización internacional señala que para ayudar a todos los granjeros a cambiar de actividad, sería muy necesario el apoyo del Gobierno nacional.

Adaptación de un artículo de Alastair Gale (The Wall Street Journal Asia).

 

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