PP y Cs destinan en Málaga 480.000 euros a una escuela taurina

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La Diputación de Málaga, gobernada por el PP y Cs, ha aprobado hace poco el pliego de adjudicaciones técnicas para la asignación de la Escuela Taurina Provincial, con un presupuesto base de licitación de 480.000 euros, IVA incluido, para un periodo de cuatro años, con el objetivo de lograr «la formación de profesionales taurinos y conocimiento de la fiesta de los toros al alumnado».

Los toros no son los únicos animales que son torturados y sufren en las corridas de toros. Desgraciadamente hay más víctimas: LOS CABALLOS. No debemos olvidar a estos animales que, si bien la mayoría de veces no terminan muertos como los toros, sí sufren grandes heridas y daños tanto emocionales como físicos. Además esas heridas y daños muchas veces también les provocan una muerte prematura que, desde luego, la gente del público nunca llega a ver ni a saber y realmente ni le importa porque para ese público el caballo es como un objeto más en la plaza de torturas.

Al caballo le ponen un armatoste llamado “peto”. Esta cosa hecha de algodón y lona (que dicen los aficionados a la tortura es para “protegerlo”), tal vez no permita que los cuernos del toro entren totalmente en el cuerpo del caballo, pero sí llegan a causarle heridas pues los petos terminan manchados de sangre. Tampoco lo protege de la fuerza con que arremete el toro, esta fuerza es equivalente a fuertes golpes directos que el caballo recibe que le provocan fracturas.

El peto pesa entre 25 y 30 kilos, peso que se suma a los llamados “manguitos y pechera” que pesan 12 kilos aproximadamente, en total el animal lleva 40 kilos de peso, a los que se le añaden el peso del picador, estribos (los que deben pesar cada uno mínimo 10 kilos, pues son de metal para proteger los pies del picador de las embestidas), montura, lanza, etc. Calculamos unos 200 kilos, como mínimo, que el caballo debe llevar encima para salir al ruedo a ser herido y proteger al victimario: el picador.

Rechazamos que se destine dinero público al maltrato animal. Estamos en el siglo XXI y la tauromaquia y sus derivados los “festejos populares” no tienen cabida en una sociedad que cada día va avanzando más y rechaza como espectáculos el maltrato y muerte de animales.

La tauromaquia vive de subvenciones públicas: más de 500 millones de euros al año, es un negocio que cada día tiene más detractores y no sobreviviría sin el bolsillo de los contribuyentes. La enorme inversión que realizan los españoles a través de sus impuestos sirve en realidad para enriquecer a unos pocos empresarios y toreros y para dar trabajo a un número muy reducido de trabajadores.

Esa cantidad de dinero bien podría ser destinada a crear puestos de trabajo en otras áreas, como la verdadera cultura o la conservación de la naturaleza, incluyendo las dehesas y los animales que en ellas viven, como el toro bravo.

TAUROMAQUIA ES VIOLENCIA.

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