El gobierno sigue ignorando la recomendación de la ONU de alejar a nuestros menores de la violencia de la tauromaquia

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La ONU le recuerda a España que debe dar información sobre los pasos para prohibir la participación de menores en corridas de toros.

El Comité de Derechos de la Infancia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha pedido a España información sobre los pasos que ha adoptado para prohibir la participación de menores de 18 años de edad como toreros y como espectadores en los festejos taurinos. España tiene de plazo para responder hasta el 15 de febrero de 2024.

Uno de los aspectos más dañinos para la sociedad es la frecuente presencia de menores en este tipo de espectáculos cruentos.

Las Escuelas de Tauromaquia están financiadas por las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos con la finalidad de adoctrinar a nuestros menores en la violencia y sin ningún respeto a los animales como seres vivos que son. Los estudiantes de estas escuelas suelen ser niños de hasta nueve años que se inician en estas clases. A los 14 años los aspirantes a matador pueden enfrentar novillos de hasta dos años sin espectadores. A los 16 pueden hacerse profesionales, si muestran el talento necesario.

En temas de infancia el PSOE el pasado año antepuso el interés de los taurinos al interés de nuestros niños y niñas. El 7 de abril de 2021 aprobó en Comisión la Ley Rhodes sin incluir esa recomendación del Comité de los Derechos del Niño de la ONU.  La semana siguiente se votaba en pleno, donde UP (Unidas Podemos) iba a presentar una enmienda para incluir este tema. El 8 de abril hicimos una campaña en Twitter, donde logramos ser tendencia y pedíamos a los dirigentes políticos del PSOE que se aprobara en el pleno de la semana siguiente la enmienda para incluirlo.

Pero no fue así, en la nueva Ley de Infancia recién aprobada el 15 de abril de 2021 el PSOE de nuevo priorizó el interés de la Fundación Toro de Lidia por encima del interés superior de la niñez.  La Plataforma de Infancia, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU y los expertos nacionales e internacionales se lo pidieron. Ni más ni menos.

En las Observaciones Finales del Comité de los Derechos del Niño de la ONU a España del 12 de febrero de 2018 (CRC/C/ESP/CO/5-6) en su Sección E Violencia hacia la infancia, párrafo 25,  señala: «Con el fin de prevenir los efectos perjudiciales de la tauromaquia en los niños, el Comité recomienda que el Estado prohíba la participación de menores de 18 años como toreros o como espectadores de eventos taurinos». Pero no sólo el órgano de Naciones Unidas ha hecho tal petición al gobierno. Este requerimiento se encuentra también entre las propuestas de enmienda a la Ley presentadas por el principal colectivo por los derechos de la infancia en España, la Plataforma de Infancia, que reúne a 68 organizaciones. En su punto 60 señala: «Las comunidades autónomas, en el ejercicio de sus competencias, velarán para que su legislación relativa a espectáculos públicos y actividades recreativas prohíban la asistencia o participación de personas menores de edad a espectáculos taurinos o cualquier otro espectáculo donde se lesione o mate a animales. Las administraciones públicas procurarán establecer los mecanismos de fiscalización adecuados para verificar el cumplimiento de esta prohibición.

Como consecuencia, el Consejo Independiente de Protección de la Infancia (CIPI), escribió al presidente y la comisión de infancia del Congreso, instándoles a que pongan el interés superior de la infancia por encima del interés del sector taurino. «Una Ley contra la Violencia a la Infancia y la Adolescencia no puede ignorar las recomendaciones que al respecto ha hecho a España la máxima instancia en derechos de la infancia de la ONU». 

A la carta se adhirieron, Mensajeros por la PazMovimiento Scout Católico (Scouts MSC), recientemente nominados al Premio Nobel de la Paz, el Colegio Oficial de la Psicología de Islas Baleares, el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de Extremadura, Colegio Oficial de Educadoras y Educadores Sociales de la Comunidad Valenciana (COEESCV), la Fundación Social Universal, el Colegio Oficial de Trabajo Social de Sevilla, la Fundación Mundubat, la Fundación Akwaba y la Asociación Infancia, Cultura y Educación.

Extracto del texto: De la violencia en las corridas de toros a la educación violenta: una perspectiva psicológica.

Por el Prof. Dr. Vítor José F. Rodrigues.

Doctor en Psicología por la Facultad de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de Lisboa, Psicoterapeuta, Escritor de diez libros publicados, Conferenciante y Formador en Portugal y en Europa, Coordinador del Grupo de Trabajo sobre Psicoterapia de la European Transpersonal Association, de la que también fue Presidente. Docente de Psicología Educacional, Pedagogía y Psicología del Desarrollo durante diecisiete años.

Los niños que asisten a las corridas, sean en vivo (lo que es peor) o por televisión, están siendo testigos de violencia. Esta violencia es públicamente recompensada por los aplausos de la multitud además de que los «héroes» toreros se presentan, desde el comienzo, exhibiendo esa misma riqueza que desean perpetuar (ya que no olvidemos que las corridas son espectáculos de masas que mueven mucho dinero e intereses). Los niños son muy sensibles a todo lo que les transmita la idea de que, si hacen esto o aquello o tuviesen esta o aquella idea serán apreciados. Sin duda se les está transmitiendo la idea de que si imitasen los modelos adultos de los toreros, con su violencia depredadora, su afirmación sanguinaria de virilidad, su pomposidad exhibicionista, serán apreciados. Esto es enseñar aquello que, en realidad, es totalmente erróneo. Los niños criados en ambientes de amor y cuidado, donde son valorados, se muestran más tarde como más resistentes y más fuertes física y psicológicamente. Lo contrario se muestra en aquellos que son precozmente descuidados y maltratados (y obligarlos a asistir a espectáculos que les hagan sentirse mal puede ser un ejemplo). ¿Cuál es entonces el mensaje subyacente a las corridas? El de que se puede y tal vez se deba ser violento en determinadas circunstancias y que maltratar animales puede ser correcto si nos da placer. Los estudios en su conjunto muestran de modo «aplastante» que existe una relación causal entre la violencia en los medios (televisión, radio, películas, música y juegos interactivos) y el comportamiento agresivo en algunos niños. Por lo general, «ver violencia como entretenimiento» puede conllevar un aumento de actitudes, valores y comportamientos agresivos, especialmente en los niños. Los niños que observan mucha violencia tienden a considerarla un medio efectivo para resolver conflictos y a pensar que los actos violentos son aceptables.

Lequesne (2011) destaca los inconvenientes educativos y psicológicos de las corridas. Para él, el espectáculo de la corrida a la que se lleva un niño puede ser traumático pero también puede confrontar a un niño con todo el dilema interpuesto por el modo en que los adultos «suavizan» un espectáculo de sangre y dolor como legítimo y apreciable o, como afirma, contra la natural empatía de un niño ante el animal que puede y debe ser torturado en nombre del arte y de la tradición. El mensaje aprendido por el niño le dice que, en ciertas circunstancias, siendo en pro del arte y de la tradición, se puede y tal vez deba tortura seres vivos.

Exponer a los niños a las corridas es exponerlos a la violencia, justificada de modo pleno con racionalizaciones que tal vez escondan impulsos primarios mal concienciados; es confrontarlos con el conflicto entre «alinearse» con los adultos y sus racionalizaciones, negando su miedo y su repulsa por la crueldad para con los animales o reconocer estos aspectos como legítimos; es hacerlos participar, con escasa elección, en un mundo donde la violencia contra un ser vivo inocente es glorificada y justificada como una ocasión de fiesta y alegría; es someterlo a una situación donde aprende que ser violento puede ser muy bueno y compensador,  que la afirmación masculina puede tener, como uno de los exponentes máximos, la del torero engalanado que se complace y exhibe como matador, torturador de animales que, al hacerlo, obtiene la admiración y el deseo de las hembras humanas.

Llevarlos a las corridas o incluso dejarlos asistir a ellas constituye de algún modo, un acto de irresponsabilidad educativa e incluso un acto de abuso y falta de respeto a la protección de sus derechos a ser protegidos ante todo lo que amenace su desarrollo saludable e íntegro. Como afirma Richier (2008), la existencia de corridas presenta dos cuestiones importantes: la de la protección de los animales y la de la protección de la infancia. Se les debe ahorrar a los niños la violencia y la de las corridas es un horrendo ejemplo no sólo por ser una exhibición de violencia gratuita y altamente gráfica sino por comportar elementos de celebración y glorificación de ésta, con inconvenientes psicológicos y pedagógicos innegables.

Seguiremos luchando para proteger a nuestros menores de presenciar y practicar la tortura de animales como forma de entretenimiento, en el que pueden presenciar no solamente la sangrienta muerte de animales sino también dantescas muertes de humanos. Seguiremos trabajando desde la concienciación y desde la presión social hasta hacer de este nuestro bello país un lugar más empático y civilizado y donde la cultura defiende la vida y no la muerte.

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