Recientemente la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció el próximo reparto del presupuesto de la Unión Europea por el que está previsto recortar las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) para derivarlas hacia otros conceptos que la Comisión entiende como más prioritarios en esta nueva andadura. Desde ANDA no vamos a entrar en el debate de si la PAC anterior estaba demasiado dimensionada o no. Una vez más, pensamos que al margen de que las cantidades aumenten o disminuyan lo realmente importante es qué tipo de agricultura y, en nuestro caso, ganadería vamos a potenciar con esas subvenciones.
Desde ANDA defendemos que la apuesta del destino de nuestro dinero tiene que ir hacia sistemas agrícolas y ganaderos sostenibles que nos permitan una alimentación sana, respetuosa con el medio ambiente, que permita que la vida rural continúe y se renueve y que incluya un escrupuloso respeto por el bienestar animal. En este sentido creemos que debemos de ir soltando amarras en las subvenciones que hasta ahora siguen recibiendo de forma importante los sistemas de producción intensivos (que se pueden defender muy bien en el mercado sin ayudas públicas por sus bajos costos de producción) que tan negativos han demostrado ser para la sostenibilidad medioambiental, social, económica además de para el bienestar animal. Desde la Comisión anuncian su intención de que los Estados Miembros, que en el nuevo modelo adquieren más relevancia, tendrán que establecer Planes Estatales para desarrollar ciertos aspectos y entre ellos el del bienestar animal.
Debemos estar atentos porque esta medida que en sí puede ser buena para los animales, se puede tergiversar y actuar en su contra dependiendo de cómo se aplique. dada la imprecisión de los conceptos que ahora se manejan en relación con el bienestar animal (fuera de jaula, crecimiento lento, transportes cortos, acceso a patios exteriores….) si las medidas propuestas no incluyen el cumplimiento de otros parámetros con incidencia medioambiental o social (escalas, impacto en emisiones, dependencia de componentes tecnológicos y de infraestructura, imbricación en el medio natural y social…) acabaremos subvencionando y engordando los sistemas intensivos y la ganadería industrial que se convertiría en principal receptora de estas ayudas y, en definitiva, estaríamos justificando falsamente «en verde» sistemas intensivos inviables desde el prisma medioambiental o social.
Por este motivo, desde ANDA en colaboración con nuestros compañeros de la Coalición Por Otra PAC estaremos vigilantes y presionando para que nuestros impuestos se dediquen a apoyar a aquellas formas productivas de carácter familiar y de escala pequeño/mediana que son los que más lo necesitan y son precisamente los que incorporan mayores valores de sostenibilidad y, por lo tanto, de futuro.
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