Cuatro belugas mueren tras los traslados de Marineland (Canadá)

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La muerte de Osiris, una beluga de apenas 26 años, vuelve a poner el foco sobre el destino de los cetáceos trasladados desde Marineland Canadá. Ya son cuatro los ejemplares que han muerto desde que fueron enviados a otros delfinarios.

Osiris ha fallecido en el Shedd Aquarium de Chicago, convirtiéndose en la cuarta beluga que pierde la vida tras los controvertidos traslados realizados a finales de julio. Antes que ella murieron Jelly Bean, en el Oceanogràfic de Valencia, y Rain y Peekachu, también en el Shedd Aquarium.

Con solo 26 años, Osiris estaba todavía lejos de la esperanza de vida que pueden alcanzar las belugas en libertad, que puede situarse alrededor de los 50 años. Su muerte vuelve a evidenciar las enormes dificultades a las que se enfrentan estos animales después de pasar buena parte de su existencia en condiciones de cautividad.

Un traslado marcado por la polémica.

Durante décadas, Marineland Canadá mantuvo a numerosos cetáceos en cautividad y obtuvo beneficios económicos de su explotación. Cuando el centro dejó de hacerse cargo de estos animales, su futuro quedó en una situación especialmente delicada.

En medio de la polémica, se llegó a plantear la posibilidad de trasladar las belugas a otros centros de cautividad e incluso se advirtió sobre el riesgo de sacrificarlas si no se autorizaban dichos movimientos.

Finalmente, los animales fueron enviados a diferentes delfinarios, a pesar de que los traslados de cetáceos suponen un proceso complejo y pueden representar un importante factor de estrés, especialmente en ejemplares que llevan décadas viviendo en cautividad.

El resultado, por ahora, resulta estremecedor: cuatro belugas han muerto.

¿Qué futuro les espera a los cetáceos procedentes de la cautividad?

La sucesión de fallecimientos vuelve a abrir el debate sobre qué hacer con los cetáceos que ya no pueden regresar directamente al océano.

Durante años, los defensores de la cautividad han argumentado que mantener a estos animales en instalaciones zoológicas es la opción más segura y que trasladarlos a santuarios marinos podría poner en peligro su vida.

Pero existen otras alternativas que merecen ser estudiadas.

Los santuarios marinos plantean un modelo diferente: espacios donde los animales procedentes de la cautividad puedan vivir en un entorno mucho más amplio y naturalizado, sin participar en espectáculos ni ser utilizados con fines comerciales.

La muerte de Osiris y de las otras tres belugas vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que los gobiernos y las instituciones responsables ya no deberían ignorar: ¿qué futuro queremos ofrecer a los cetáceos que han pasado su vida en cautividad y que ya no pueden ser liberados directamente en el mar?

Más allá de los traslados de un delfinario a otro, resulta necesario avanzar hacia soluciones que prioricen el bienestar de los animales y permitan que los cetáceos retirados de la industria de la cautividad puedan pasar el resto de sus vidas en condiciones lo más próximas posible a su entorno natural.

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