Israel prohíbe la compra y venta de pieles de animales

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El primer país del mundo en planificar la prohibición de la compra y el uso de pieles de animales es Israel. Las pieles podrán utilizarse en casos especialmente aprobados y se requerirán permisos especiales.

“Cientos de millones de animales en todo el mundo están siendo masacrados debido a la industria de la piel, que incluye una crueldad y sufrimiento indescriptibles”, dijo la ministra de Medio Ambiente de Israel, Gila Gamliel.

Según el Ministerio de Protección Ambiental de Israel, los permisos para el uso de pieles se considerarán bajo criterios especiales y limitados.

Cualquiera que desee comprar o vender pieles debe presentar una solicitud de permiso. Y de acuerdo con las nuevas reglas, el uso de pieles solo se permitirá en los casos en que se trate de investigación científica, educación, capacitación o debido a la religión y la tradición. Es probable que la excepción sea la gran comunidad ultraortodoxa de Israel, cuyos miembros suelen llevar sombreros de piel tradicionales. Cualquiera que infrinja la ley pagará una multa de hasta $ 22,000 o un año de prisión.

Es una buena noticia y acogemos con gran satisfacción la medida de Israel, que está en camino de convertirse en el primer país del mundo en prohibir la compra y venta de pieles de animales. Anteriormente, solo algunas ciudades de EE. UU y Sao Paulo en Brasil lo hacían.

La sociedad ya sabe a que lastimosas vidas son reducidos los animales de criadero, animales salvajes, sin domesticar, cuya herencia genética les reclama algo muy distinto a sus jaulas de suelo metálico donde se hieren continuamente las patas, al lado de otros congéneres con los que sienten el impulso de luchar para defender su territorio, pero no pueden, están prisioneros en una vida monótona que no entienden porque es contra natura y ante la que se desesperan hasta volverse locos.

La solución está en que la sociedad rechace usar pieles de animales, tanto los silvestres cazados con cepos como los silvestres criados al efecto y sacrificados exclusivamente para lucir unas prendas que nadie necesita y que son solamente influencia de las modas.

ANDA puso en marcha en el año 1998 una campaña que les recordaba su responsabilidad. Los autobuses de varias ciudades de España portaron ese invierno nuestro recordatorio: el precio que pagan los animales por los abrigos de pieles es una salvajada, durante toda su vida y a la hora de su muerte. Ser culpable de ello es también una salvajada, y ya somos o deberíamos ser civilizados y no salvajes.

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