Desde la Plataforma La Tortura No Es Cultura (LTNEC), de la que ANDA forma parte desde su fundación, manifestamos nuestro más rotundo rechazo a la decisión del Govern balear de autorizar una nueva corrida de toros el próximo 3 de agosto en la plaza de Inca, anunciada como un espectáculo “abierto nuevamente al público infantil”. Al igual que ocurrió el pasado 13 de abril, se permitirá que menores asistan como espectadores a un acto que gira en torno al sufrimiento y la muerte de un animal.
Esta regresión en derechos es resultado de la reforma legislativa impulsada por Vox y apoyada por el Partido Popular, aprobada el 29 de octubre de 2024 por el Parlamento Balear y publicada en el BOE el 17 de diciembre. Si bien la norma exige que los menores acudan acompañados por una persona adulta, desde LTNEC consideramos esta medida totalmente insuficiente para protegerles de la violencia implícita en la tauromaquia.
La normativa también obliga a exhibir carteles visibles dentro y fuera de las plazas advirtiendo sobre el posible impacto emocional del espectáculo. Pero estas advertencias no corrigen el daño: permitir la entrada de niños y niñas es, en la práctica, legitimar el maltrato animal como forma de ocio y normalizar la violencia como parte del aprendizaje social y cultural.
Recordamos que el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas ha expresado en varias ocasiones su preocupación por la exposición de menores a espectáculos taurinos, e instó a España a tomar medidas concretas para proteger a la infancia de este tipo de violencia.
Esta fue solo una de las 55 recomendaciones incluidas en el informe de 2018 sobre el cumplimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño. Como Estado firmante, España está obligada a demostrar avances en la protección de la infancia. Sin embargo, decisiones como esta suponen un claro retroceso.
Permitir que los menores asistan a corridas de toros no solo los expone al dolor ajeno, sino que refuerza una cultura de violencia con posibles consecuencias negativas en su desarrollo emocional, ético y social. La tauromaquia no es una tradición que deba protegerse, sino una práctica incompatible con los valores de empatía, respeto y no violencia que deberían guiar la educación de las nuevas generaciones.
¿De verdad, en pleno 2025, seguimos permitiendo esto?
La violencia se repite… y esta vez, con menores.
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