La ola de incendios que desgraciadamente ha sacudido España durante el mes de Agosto ha puesto de manifiesto la corrección, o no, de nuestras políticas de prevención, actuación frente al incendio y gestión posterior, tanto ante los incendios en sí (u otras catástrofes naturales) como en lo que se refiere a su relación con las unidades ganaderas afectadas.
Se habla mucho, con razón, de políticas de prevención y también en el caso de las granjas se deben tomar medidas preventivas que minimicen impactos por un lado y favorezcan una rápida acción paliativa por el otro. Es necesario repensar el diseño de las naves ganaderas, el material con el que se construyen, su situación dentro de la finca, la existencia de bocas de toma de agua así como un acceso fácil, bien pavimentado y rápido desde la carretera principal de acceso. Deben contar con muelles de carga y descarga de fácil acceso para los animales acogidos en la nave así como terreno suficiente para que los camiones puedan girar de forma rápida. Las lindes de la finca deben estar limpios de combustible vegetal y se deben disponer de medios mecánicos de extinción de incendios. Los profesionales que atienden los animales deben estar formados para saber qué es lo que cada uno tiene que hacer en caso de catástrofe natural. El ganadero debe disponer de un listado de contactos de los diferentes agentes que intervienen en la solución de la emergencia (protección civil, servicios veterinarios, centros de rescate y de concentración de animales, empresas de transporte…). En el caso de animales que viven en régimen extensivo los sistemas de geolocalización GPS han resultado ser muy eficaces. Asimismo hay que tener previstas, cuando sea posible, vías naturales de escape de los animales. deben establecerse de forma local puntos de encuentro a los que los ganaderos puedan acercar sus animales para después organizar su traslado, que tiene que estar previsto, a zonas de recepción en áreas seguras fuera del perímetro del incendio.
Una vez que se ha producido el incendio los ganaderos deben integrarse en el sistema de alerta rápida para que, en caso necesario acudan con sus animales a los puntos locales de encuentro y desde allí trasladarlos fuera de perímetro de riesgo. En el caso de las Islas Canarias, el Cabildo tiene establecido en sus protocolos la existencia de Grupos de Evacuación de Animales que asesoran y ayudan a los ganaderos a realizar estos movimientos. Es una buena idea que debería extenderse. Para un correcto funcionamiento de esta medida es preciso tener previstos medios de transporte en caso de que sean necesarios. A la hora de establecer prioridades por parte de los cuerpos de extinción y respetando la prioridad absoluta de las vidas humanas y estado abierto de vías de evacuación y núcleos de población, las instalaciones ganaderas y la facilitación de las labores de evacuación de animales debe ser también prioritaria. Las áreas de recepción de animales deben estar provistas de tomas de agua y alimentación suficiente para los animales.
Una vez superado el incendio se tienen que tener previstos equipos de veterinarios de intervención rápida que aseguren el bienestar de ls animales bien trasladados o bien que se han mantenido en la finca de origen. Estos veterinarios deben estar provistos del material médico y veterinario suficiente para reducir el posible sufrimiento de los animales y, de ser necesario, tener prevista la intervención de un matadero móvil. Asimismo se debe asegurar la provisión de agua y comida para los animales que hayan permanecido en las fincas de origen y no se hayan visto afectados o su traslado a otros centros en caso de que requieran tratamiento y cuidados especiales.
Algunas de estas medidas se podían intuir en las legislaciones sectoriales de ganadería publicadas por el Ministerio de Agricultura que exigían a las granjas disponer de planes de actuación frente a emergencias. Era un punto de partida. Sin embargo, incomprensiblemente el MAPA se plegó ante la presión de los grandes grupos ganaderos intensivos y derogó esta norma este mismo año. De esos lodos, estos barros. Muchas de estas medidas ya se han puesto en práctica durante la reciente ola de incendios de forma particular y siguiendo la lógica. Sin embargo, no es justo dejar a los ganaderos solos ante la carga de la responsabilidad y ansiedad que supone el intento de salvar a sus animales (arriesgando sus propias vidas). Las actuaciones deben estar protocolizadas y organizadas desde las instituciones públicas. Desde el MAPA se ha actuado al contrario, eliminando lo poco que existía. Esperemos que ahora se den cuenta del error y volvamos al buen camino inicial. Desde ANDA es lo que vamos a exigir. La nueva generación de incendios, su virulencia y la rapidez de su propagación exigen medidas decididas y conjuntas para hacerles frente. No podremos salvar a todos los animales pero podemos intentar salvar y/o reducir el sufrimiento del máximo posible.
También los recientes incendios han dejado claro que la ganadería extensiva, basada en el uso de pastos, es uno de los mejores bomberos que existen al mantener controlada la masa vegetal. Puede que no sea la más rentable en términos de pura competitividad económica (insumos/producción neta) pero sus beneficios sociales y, en este caso, medioambientales son innegables. Esperemos que as administraciones públicas a la hora de diseñar la nueva Política Agraria Común lo tengan en cuenta para soltar lastre en la subvención pública de grandes naves intensivas de engorde y cebado e invertor más en ganado de pasto en sistemas extensivos. este será también nuestro camino en colaboración con nuestros compañeros de Por Otra PAC.
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