Los expertos coinciden: la tenencia de fauna silvestre puede favorecer la aparición de nuevos virus como el Covid

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Los denominados Listados Positivos de especies autorizadas como animales de compañía se consolidan como una herramienta clave para minimizar los riesgos asociados a las zoonosis.

La prevención de una pandemia comienza mucho antes de que se detecte el primer caso. Se inicia, entre otros factores, en la forma en que regulamos la convivencia entre seres humanos y animales.

En este sentido, los Listados Positivos que determinan qué especies pueden ser animales de compañía se consideran un instrumento fundamental para reducir los riesgos derivados de las zoonosis, es decir, aquellas enfermedades transmisibles entre animales y personas. El Covid-19 representa el ejemplo más reciente de un virus de origen zoonótico, probablemente vinculado a fauna silvestre, aunque no es un caso aislado.

En el estudio Wildlife trade drives animal-to-human pathogen transmission over 40 years, del ecólogo Jérôme M. W. Gippet, se analizan diversas patologías asociadas a la fauna salvaje. El informe subraya que el comercio de animales incrementa la probabilidad de “salto” de patógenos entre especies.

Entre los casos destacados figura el Bornavirus VSBV-1, detectado en criaderos de ardillas exóticas en Alemania, que provocó encefalitis mortal en varias personas. También se menciona el Simian T-lymphotropic, hallado en primates exóticos rescatados, con capacidad de transmisión a humanos y posible desarrollo de leucemia de células T y graves afecciones neurológicas.

Asimismo, el Monkeypox (viruela del mono/mpox) se relaciona con el contacto con mamíferos exóticos y aparece entre las enfermedades emergentes vinculadas al comercio de fauna silvestre. Virus como el Ébola y Marburg también se incluyen entre las zoonosis históricamente asociadas a animales salvajes y monitorizadas en el ámbito de la sanidad animal.

La relación no es meramente teórica. La evidencia científica y la experiencia reciente confirman que el comercio y la tenencia de animales silvestres en estrecho contacto con las personas incrementan la probabilidad de aparición de nuevas enfermedades. Se estima que cerca del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen zoonótico, muchas de ellas relacionadas con fauna salvaje.

Un fenómeno de gran alcance.

Este dato adquiere mayor relevancia al observar la magnitud del fenómeno: solo en Europa conviven más de 500 millones de animales domésticos y exóticos en los hogares. El problema no es únicamente cuantitativo, sino también cualitativo. Los animales exóticos, a menudo adquiridos por vías poco reguladas como páginas de anuncios en internet, pueden ser portadores de patógenos desconocidos o insuficientemente estudiados.

De hecho, investigaciones especializadas indican que aproximadamente uno de cada siete mamíferos exóticos mantenidos como mascota alberga al menos un patógeno zoonótico. En el caso de animales abandonados o escapados, la cifra puede llegar al 50%.

A ello se suma un elemento clave: la ausencia de sistemas de vigilancia sanitaria equivalentes a los existentes para animales domésticos o de producción. No existe un control homogéneo ni un registro completo sobre qué especies exóticas se mantienen como animales de compañía, en qué condiciones ni con qué seguimiento veterinario.

Diversos informes señalan que esta falta de control constituye una “laguna estructural” en la detección temprana de enfermedades emergentes. En el caso de España, aún no se dispone de un sistema plenamente unificado y exhaustivo de registro y seguimiento de todas las especies de compañía, especialmente las exóticas.

Aunque la normativa reciente ha avanzado hacia mayores mecanismos de identificación y control, todavía persisten diferencias entre comunidades autónomas y vacíos regulatorios en materia de trazabilidad, condiciones de mantenimiento y seguimiento veterinario.

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), que analiza las causas del origen y propagación del coronavirus y otras enfermedades zoonóticas, identifica la tenencia de animales exóticos como una de las principales causas de riesgo.

El documento advierte que el contacto estrecho entre personas y fauna silvestre dentro del comercio global —tanto legal como ilegal— para su uso como animales de compañía puede facilitar la transmisión de nuevos patógenos de animales a humanos. Además, subraya la necesidad de reforzar las medidas de prevención y los sistemas de detección temprana para evitar futuras pandemias.

Listados Positivos como enfoque preventivo.

Ante este escenario, los Listados Positivos proponen un cambio de enfoque. Frente al modelo tradicional, basado en prohibir especies concretas, este sistema invierte la lógica: únicamente se permiten aquellas especies cuya idoneidad como animales de compañía ha sido evaluada científicamente, considerando criterios de bienestar animal, salud pública y riesgo medioambiental. Todo lo que no figure en el listado queda excluido.

Este modelo ya se aplica en varios países europeos y ha demostrado ser más claro, coherente y eficaz que los sistemas basados en prohibiciones parciales. Además, responde a un principio básico de salud pública: resulta más eficiente prevenir la exposición al riesgo que gestionarlo una vez que ya se ha producido, además de ser más económico.

En España, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales avanza en esta dirección. La norma incorpora el concepto de listado positivo y establece restricciones a la tenencia de determinadas especies, especialmente aquellas consideradas peligrosas, invasoras o difíciles de mantener en condiciones adecuadas.

Desinformación y efectos no deseados.

Sin embargo, la aplicación de esta normativa no ha estado exenta de dificultades. Profesionales del ámbito veterinario alertan de un efecto secundario preocupante: la desinformación está generando incertidumbre entre los cuidadores de animales exóticos. Muchos creen, de forma errónea, que podrían ser sancionados simplemente por acudir al veterinario o declarar la tenencia de sus animales.

Esto está provocando consecuencias negativas. Por un lado, se reduce la asistencia veterinaria de estos animales, lo que dificulta la detección precoz de enfermedades y empeora su estado sanitario. Por otro, continúan produciéndose abandonos, motivados por el miedo a sanciones o la confusión sobre la legalidad de su tenencia.

Estos abandonos no solo afectan al bienestar animal, sino que también pueden generar riesgos ambientales y sanitarios al introducir especies no autóctonas en el medio natural.

Por ello, resulta fundamental trasladar un mensaje claro a la ciudadanía: los propietarios podrán seguir manteniendo a sus animales de compañía, incluso en los casos en que su especie pase a estar restringida tras la publicación del Listado Positivo, siempre que se informe y se solicite la correspondiente autorización a las autoridades competentes.

Este debate pone de manifiesto una cuestión esencial: la regulación, por sí sola, no es suficiente. Debe ir acompañada de una comunicación clara, rigurosa y accesible. Es necesario explicar a la ciudadanía que los Listados Positivos no tienen un fin punitivo, sino protector: salvaguardar la salud pública, el bienestar animal y el equilibrio de los ecosistemas.

También es clave reforzar el papel de los veterinarios como agentes fundamentales en este proceso. Su experiencia resulta esencial tanto para la evaluación de riesgos como para la educación de los cuidadores.

En última instancia, el debate se centra en el modelo de relación que queremos establecer con los animales. La evidencia científica indica que el comercio y la tenencia indiscriminada de fauna silvestre no solo implican sufrimiento animal, sino también riesgos reales para la salud humana.

En este contexto, los Listados Positivos no deben entenderse como una restricción, sino como una herramienta preventiva.

La próxima pandemia no será necesariamente imprevisible. Los factores que pueden desencadenarla la presión sobre los ecosistemas, el comercio de fauna silvestre y la falta de control sanitario ya son conocidos. La diferencia estará en nuestra capacidad de actuar con antelación. Regular qué especies pueden convivir con nosotros es, en definitiva, una decisión de salud pública y una cuestión de responsabilidad colectiva.

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