El panorama del bienestar animal en el Reino Unido ha experimentado un cambio decisivo en apenas unos días. Lo que durante años fue una de las principales reivindicaciones de colectivos animalistas ya es una realidad legislativa: Escocia ha aprobado la prohibición de las carreras de galgos, una medida a la que también se ha sumado Gales.
Con esta decisión, ambos territorios dejan atrás una práctica histórica para situar la protección animal en el centro del debate, enviando además un mensaje claro al resto de Europa sobre el futuro de este tipo de competiciones.
La reforma legal responde a una situación cada vez más cuestionada. De acuerdo con cifras del Consejo de Galgos de Gran Bretaña, entre 2017 y 2024 se contabilizaron más de 35.000 lesiones y 1.357 muertes de perros relacionadas con carreras celebradas en pistas británicas.
A estos datos se suman diversos informes científicos que consideran las pistas ovaladas un entorno de alto riesgo para los animales, un argumento que ha resultado determinante para que los parlamentos de Edimburgo y Cardiff decidieran poner fin a esta actividad.
Lejos de aplicar un cierre inmediato, el Ejecutivo galés ha apostado por una implantación progresiva de la medida. El objetivo es evitar consecuencias negativas, como el abandono masivo de perros tras el final de las competiciones.
Durante los próximos tres años, las administraciones colaborarán con organizaciones de protección animal como Dogs Trust y Hope Rescue para garantizar la adopción responsable de los galgos retirados de las pistas.
“Durante demasiado tiempo, los perros han sufrido las consecuencias de una forma de entretenimiento obsoleta”, señaló la plataforma Cut the Chase tras la aprobación de la norma.
La legislación no solo contempla el cierre de las pistas, sino también la creación de mecanismos de seguimiento para asegurar que ningún animal quede desprotegido una vez cese la actividad comercial.
La evidencia científica pesa más que la tradición.
En Escocia, buena parte del debate político se centró en el impacto físico de estas competiciones sobre los animales. El Parlamento escocés respaldó su decisión en estudios que apuntan a que la anatomía del galgo no está preparada para soportar las exigencias mecánicas derivadas de las curvas en circuitos comerciales.
Con el cierre de su última pista activa, Escocia culmina un proceso marcado por años de presión social y refuerza la idea de que el riesgo de lesiones graves responde a un problema estructural difícil de corregir únicamente mediante regulaciones.
España, entre los países donde aún siguen siendo legales La decisión tomada en Reino Unido ha vuelto a poner el foco sobre España, uno de los pocos países europeos donde las carreras de galgos —junto con la actividad de cría asociada continúan siendo legales.
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