La decisión de la Junta de Castilla y León de declarar el Toro Jubilo de Medinaceli como Bien de Interés Cultural Inmaterial ha generado una intensa polémica y ha reabierto el debate sobre la relación entre tradición, cultura y bienestar animal.
La administración autonómica defiende la medida argumentando el valor histórico de esta celebración, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Sin embargo, la gran mayoría de la sociedad consideran que reconocer institucionalmente este festejo supone un paso atrás en la evolución ética de la sociedad.
Estas prácticas implican sufrimiento, miedo y estrés y no pueden seguir siendo presentadas como expresiones culturales de protección oficial.
Las costumbres deben evolucionar con el tiempo y adaptarse a valores más acordes con la sensibilidad actual.
¿Debe prevalecer el peso de la tradición cuando existe un creciente cuestionamiento ético sobre sus consecuencias para los animales? El progreso social exige dejar atrás aquellas prácticas asociadas al sufrimiento animal.
Hemos ido varias veces a Medinaceli donde pudimos presenciar en qué consistía este festejo tan repugnante y también fue ANDA quien denunció esta atrocidad. La publicación por ANDA de reportajes con fotos en varios periódicos extranjeros causó un gran escándalo internacional que incluso motivó una discusión a nivel de comisión en el Parlamento Europeo.
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