La Comunidad de Madrid aprobó en agosto la limitación de la actividad cinegética en 75 cotos afectados por el incendio de la Sierra Oeste. La medida pretende dar un respiro a los animales que sobrevivieron a las llamas, aunque contempla excepciones que podrían permitir reanudar la caza antes de que el ecosistema se haya recuperado.
El incendio de la Sierra Oeste, iniciado el 22 de julio, arrasó miles de hectáreas y dejó tras de sí un territorio devastado, con pérdida de vegetación, alimento y refugios para numerosas especies. En total, la resolución afecta a 75 cotos de caza, que suman cerca de 19.500 hectáreas, además de otras zonas cinegéticas.
La decisión adoptada en agosto supone una medida de protección para la fauna superviviente, pero no garantiza que la prohibición se mantenga durante todo el tiempo necesario para la recuperación del entorno. La resolución permite levantarla durante la temporada si se considera que determinadas especies han aumentado su población o están provocando daños.
Un monte quemado no se recupera en una temporada.
Tras un incendio de estas dimensiones, los animales necesitan tiempo para encontrar nuevos refugios, recuperar sus fuentes de alimento y adaptarse a un hábitat completamente transformado. Muchos, además, se ven obligados a desplazarse hacia zonas próximas al área calcinada.
La Administración contempla medidas como instalar bebederos, proporcionar alimento y crear refugios para ayudar a los animales supervivientes. Sin embargo, estas actuaciones son solo un apoyo temporal: la recuperación de un ecosistema requiere mucho más tiempo.
La situación también pone de manifiesto la necesidad de revisar cómo se gestiona la actividad cinegética después de grandes incendios. La protección no debería limitarse únicamente a las hectáreas quemadas, ya que los animales que escapan de las llamas pueden desplazarse a terrenos cercanos y continuar allí expuestos a la caza.
«Situación bien distinta es la producida tras el incendio de Burgohondo (Ávila) en el que la Junta de Castilla y León adoptó la medida de permitir la caza en las zonas afectadas adelantando la apertura de vedas y facilitando así la muerte de los animales que sobrevivieron. De hecho, desde ANDA pedimos en ese momento a las autoridades castellanas que cambiaran esa política de muerte por otra, de vida, más similar a la adoptada por la Comunidad de Madrid: prohibición de caza en toda esta temporada cinegética (2026-2027) en las zonas afectadas y medidas para asegurar la supervivencia de la vida silvestre. Esperemos que desde Castilla y León tomen nota del enfoque dado en la Comunidad de Madrid y rectifiquen.»
Proteger a la fauna tras un incendio significa darle tiempo para sobrevivir y recuperar su hábitat. Una prohibición temporal puede ser un primer paso, pero debe mantenerse mientras el ecosistema siga siendo vulnerable.
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